
El baloncesto, como cualquier otro deporte, son tiranías cíclicas en lo que a generación de jugadores y sus relevos se refiere, y siempre lo será.
Unos erigen, o han erigido, carreras longevas y/o fructíferas; en cambio otros son difíciles de recordar tras un paso fugaz por la NBA y siempre han existido también, los que han cumplido con lo justo sin más.
Pero todos, absolutamente todos, y aquí no hay excepción que valga, han tenido (o tendrán) que colgar las botas algún día ante la imposibilidad de detener el tiempo a la par que sus contadores biológicos anuales en sus D.N.I.
Puestos en situación, queremos mentar una serie de jugadores, los cuales han tenido pendiente de un hilo la “sentencia” a sus trayectorias deportivas. Veteranos de la liga que han atesorado años excepcionales pero que lógicamente han ido cercenando sus guarismos con el transcurrir de las temporadas. Veteranos que se aferran a una posible última campaña con números decentes, escapando de las lesiones y otros contratiempos y quienes hubieran sufrido mucho más que el resto de jugadores -que componen la edad media de la competición- haber pasado un año en blanco.
Paladines de tiempos pasados, habiendo disfrutado ya de su máximo esplendor como: Mike Bibby, Marcus Camby, Kevin Garnett, Tim Duncan, Grant Hill, Shawn Marion, Vince Carter, Elton Brand, Jason Kidd, Richard Hamilton, Steve Nash, Peja Stojakovic o Kenyon Martin, gente cumplidora, profesionales de los pies a la cabeza y la mayoría poseedores de una clase preciosista y una excelsa carrera pero algo timoratos y alicaídos ante la imposibilidad de mitigar la alada progresión de niñatos bisoños que llevan únicamente dos-tres temporadas (Grffin, Rose, Ibaka, Love…) o de evitar la consolidación como dominantes en este mundo, de profesionales que apenas superan los veinticinco años (Howard, LeBron, Durant, Anthony, M. Gasol…). Ellos saben que si estas dos situaciones convergen, sería poner el último clavo al ataúd.
Pues bien, el destino ha sido benévolo fulminando el funesto Lockout y brindándoles la oportunidad de sesgar su desaceleración natural dentro del ámbito meramente profesional ¿habrán exhibido ya todo su talante más competitivo?
Así que a buen seguro, podremos seguir disfrutando, aunque nos lleguen a cuentagotas, de sus acciones y sus tropelías, y de ese modo, apreciar como intentan virar el rumbo de la historia reciente y física de la liga, un mal endémico para todo trasnochado estilete con la llegada de nuevas sabias musculizadas, aunque poco talentosas, en algunas ocasiones. Y es que, nos han reducido el calendario a sesenta y seis partidos, pero habrá baloncesto suficiente para que pase de todo y para el gusto de todos. Porque esta liga siempre tiende la mano a algún bastión semi-olvidado, sorprendiéndonos gratamente y dejándonos patidifusos en el sofá.