
Allá por el siglo V a. C. , y coincidiendo que las mujeres, niños y esclavos ya podían acudir a los espectáculos, en Atenas se componían una serie de Tragedias Griegas y Dramas Satíricos que llegaron al corazón de los conterráneos, granjeando y desatando así, su pasión por este género. Luego el resto del mundo también podría gozar de estas obras teatrales.
Pues bien, a día de hoy, ni Sófocles, ni Esquilo, ni Eurípides hubieran podido crear y desarrollar dentro de sus mentes tal devastadora historia capaz de exasperar nuestro interior: un año adolecido por convivir junto al Lockout.
En este caso, no hay un héroe que caiga o una polis que lo sufra, en este caso en particular, serán centenares de súper hombres quienes no podrán defender sus colores en busca de la conquista del anillo con sus acciones líricas y un mundo entero el que sufrirá tal evanescencia de competición.
En estas líneas no voy a enunciar nada que ya no sepamos entre esos dimes y diretes o esas disonancias anacrónicas de Billy Hunter, Derek Fisher, David Stern y sus bravatas totalmente eriales; sino que intentaré expresar ese sentimiento agradable e interno, que nos provoca a algunos, la mejor liga de baloncesto del mundo. Porque somos muchos aficionados los que creemos que la NBA (a parte de la competición en sí) son situaciones y una manera de entender la vida, por lo tanto esta rivalidad entre franquicias también es para nosotros toda esta retahíla de circunstancias:
-es disfrutar en buena compañía, de los resúmenes y reportajes de la liga
-es criticar a los entrenadores americanos que ajan a los nuestros
-son esos diez minutos que arañas en el trabajo para entrar en nba.com y encontrarse cada día con algún dato anecdótico
-es repetir hasta la saciedad que la conferencia Oeste es más fuerte que la Este
-es fidelidad a ese tipo de jugadores con tanto talento baloncestístico como ausencia de neuronas
-es echar de menos a los Seattle SuperSonics
-son esas noticias y rumores incesantes
-es seguir la clasificación y sus vuelcos en cortos periodos de tiempo
-es comentar, y juzgar como verdaderos expertos, con los amigos cualquier novedad
-es recordar que en Europa se juega mejor en equipo
-es adular un ranking, dentro de nuestro consejo de sabios, de las cheerleaders
-es elucubrar sobre posibles cambios de jugadores, entre franquicias, que hasta has llegado a soñar la noche anterior
-es comentar que cada uno de nosotros va a comprarse la nueva camiseta de algún equipo
-es arbitrar, mirando la televisión o Internet, los pasos de salida
Es un sinfín momentos que nos alegran el día a día cotidiano y que consiguen evadirnos de esta realidad tornada cada vez más acerba, con el paso de los años, para unos trabajadores rasos. De este modo, podemos decir que el hecho en sí, de seguir la actualidad de la NBA se ha convertido en nuestro compañero de viaje, el cual nos ameniza esta travesía que realizamos para alcanzar un bienestar en nuestra existencia.
Salvando las barreras éticas, y acentuando el tono de una manera jocosa, el ser fiel seguidor de esta liga durante más de dos décadas, hace que ya sienta este idilio nuevemesino de cada temporada, como si fuera realmente un matrimonio ¿de conveniencia? ¿quién sabe?
Pero por desgracia, en un mundo cada vez más global, el deporte es cada vez más negocio y mercadotecnia, formando una ominosa ecuación. Manida enseñanza moral para ultimar una obra.