
Mientras Miami y Dallas están reviviendo el duelo del 2006, para Derrick Rose y Kevin Durant es tiempo de descanso, de paz, de desconexión y de relax; y ya con el transcurrir de las semanas, será tiempo de reflexión y de cargar pilas.
Estos dos cracks se han quedado a las puertas de disputar su primera final de la NBA a la temprana edad de veintidós años. Por eso, no les tiene que preocupar en demasía tal enconado final tras quedarse a un paso de la gran batalla.
El flamante M.V.P. de la regular pertenece al distinguido club de jugadores de complexión mitad humanoide, mitad soldado alienígena; aquí podríamos incluir a LeBron James, Dwight Howard y poca gente más. Son esta clase de baloncestistas los cuales tienen un nivel físico tan superior a la media, que lo aprovechan a la perfección para conculcar una supremacía desmesurada en cancha.
Ante los Heat, el point guard no ha estado mal del todo pero sus porcentajes en el tiro han cercenado bastante y se ha mostrado parco a la hora de sumar asistencias.
Lo de Kevin Durant (máximo anotador de la liga) es manjar para otro tipo de paladar, el líder de Oklahoma City es una fuente inagotable de clase técnica, una elegancia, a la hora de jugar, hilvanada en un cuerpo interminable, hecho que le permitirá dominar hasta tres o cuatro posiciones de juego.
También ha realizado una gran final en el Oeste pero ha sido incapaz de superar el litigio ante unos Mavs, mucho menos pueriles.
Todos los campeones han de pasar por este Via Crucis veraniego a modo de eliminación, y muchos de ellos se presentaron con más temporadas de experiencia a sus espaldas cuando se les brindó tal oportunidad de ganar una final de conferencia.
Rose y Durant saben que están hechos para este deporte, ahora sólo falta rumiar que asimilen esta bicéfala, en estilos, constitución biogenética, la cual les permitirá dominarlo en breve.
A lo largo de los años se ha ido demostrando que el anillo no se amarra con una sola estrella en la plantilla, pero ningún equipo ganador ha estado falto de un líder con lustrosas dotes de mando. Son más que simples estrellas, están hechos de una pasta especial. Pues bien, estos dos chavales han demostrado esta temporada que son ese tipo de jugadores, que se puede cimentar un equipo ganador alrededor suyo y que son incapaces de delegar dicha responsabilidad en otro compañero.
Estos dos portentos de la naturaleza, los cuales ni el mismísimo Miguel Ángel hubiera sabido esculpir mejor, ya han medio saboreado las mieles del éxito y ya han vislumbrado la presea final. Ahora sólo falta saber cuanto tiempo tardarán en grabar sus nombres en el muro de los campeones junto a maestros ilustres como Michael Jordan, Kobe Bryant, Tim Duncan, Shaquille O’Neal, Magic Jonson, Hakeem Olajuwon o Larry Bird.