
El General Manager de los Orlando Magic se trae a su "casa" a dos viejos conocidos a modo de revolución para seguir teniendo una plantilla aspirante al anillo.
Gilbert Arenas era intercambiado por Rashard Lewis y Jason Richardson viene acompañado de Hedo Turkoglu y Earl Clark perdiendo a Vince Carter, Martin Gortat y Mickael Pietrus.
Al fin el pistolero Arenas se ve, por primera vez en su carrera, en un equipo aspirante a todo. Su primer gran reto al verse en esta nueva situación, deberá ser el recuperar el nivel de juego que demostró antes de las lesiones y sanciones, y saber compartir galones de líder con otros compañeros.
Por su parte, Richardson se vuelve a ver ante el reto de poder jugar, por segundo año consecutivo, unas finales de Conferencia (esta vez en el Este).
El cambio es claramente positivo en un aspecto: y es que el ex-agente 0 y J-Rich son mucho más atrevidos, valientes y competitivos en Play-Off que no Vince Carter y Rashard Lewis.
Por el contrario, el equipo queda descompensado, pecando de superpoblación en la rotación exterior y quedando debilitado en la interior. Ahora, ¡plena confianza en Brandon Bass!
Con un mal debut de estos nuevos Magic, a día de hoy es sumamente difícil poder ponderar esta nueva composición de la plantilla y, aún más, vaticinar si dicha combinación aupará al equipo hasta el éxito final.